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martes, 10 de noviembre de 2015

"Ayrton, o herói revelado" - Capítulo 2.10: "El Test"

No había alma alguna en las graderías del circuito de Donnington Park, la mañana del 19 de Julio de 1983. En rigor, no había razón alguna: en los boxes desiertos, sólo los mecánicos e ingenieros del equipo Toleman, acompañando una prueba del piloto Derek Warwick, y a metros de distancia, parte del equipo Williams, a la espera de su jefe, Frank, y de Ayrton Senna, el invitado para probar el Williams FW08C del campeón Keke Rosberg. Era para ser una de aquellas mañanas banales de pruebas en Donnington.

El primer test de Formula 1 que tuvo Ayrton Senna en 1983. Ya en el Williams FW08C.


De vez en cuando, los pilotos, artistas sin platea, salían a pista, y el grito metálico de los motores quebraba el silencio de los pastos verdes en vuelta. El olor del cóctel de óleos y gasolina del paddock formaba una curiosa mezcla con el fertilizante de las haciendas próximas.

Es hoy.

Esa breve frase de Ayrton, después de dos cariñosas palmadas a la base de la suspensión trasera del Williams de Rosberg, cuando el coche aún estaba suspenso dentro del camión-taller del equipo, fue registrada por el camarógrafo Sérgio Gilz, de Rede Globo Brasil. La imagen se hizo un marco histórico no sólo del día en que el genio encontró el instrumento de su arte. Fue también un día de asombro e incredulidad con lo que él hizo en la pista.



Era Julio, verano, y Ayrton sudaba tanto, que se cambió de polera varias veces, hasta el final del test. No era sólo calor, confesó tiempos después. Era miedo de errar. Y una emoción tan grande, que él estaba a punto de llegar a las lágrimas cuando Reginaldo Leme, finalmente, le extendió el micrófono poco después de las nueve de la mañana: 

Creo que esto es un presente que Dios está dándome. No sólo de pilotar un Fórmula 1, es un Fórmula 1 campeón del mundo.

El jefe mecánico, Alan Challis, decidió no esperar a Frank Williams y le pidió a Ayrton que entrara en el cockpit para recibir las instrucciones sobre los mandos y los botones del panel. No hubo tiempo para ajustar el banco de Keke Rosberg a la dimensiones de Senna. Él no tendría, por lo tanto, una posición cómoda para conducir. Los neumáticos no eran veloces, como los de clasificación. Y había aún una pequeña imperfección con los frenos. ¿Algún problema? Ninguno. Ayrton quería salir a la pista y accionó, por primera vez, un Ford Cosworth de 600 caballos.

Ayrton en acción.


Así que Senna salió a dar su primera vuelta. Reginaldo Leme corrió hacia la chicane que antecede a la recta de boxes. Quería ver cómo Ayrton se adaptaba. Y no dio crédito a lo que estaba viendo: con cinco vueltas, Senna ya conducía como si estuviese pilotando un Fórmula 3. Con miedo de ser engañado por una falsa impresión, Reginaldo corrió de vuelta a los boxes para confirmar los tiempos. Encontró al equipo Williams completo y a los otros periodistas brasileños perplejos con lo que estaba aconteciendo en la pista. Con diez vueltas, Ayrton ya había igualado la mejor marca más reciente del mismo coche, dos semanas antes, en manos del piloto oficial de pruebas del equipo, Jonathan Palmer. El propio Frank Williams anotaba los tiempos en la planilla de crono. Frank había preparado un reglaje de adaptación para Ayrton, pero desistió, anonadado:

Su adaptación fue inmediata. ¡Simplemente impresionante!

Fueron 83 vueltas, al fin de las cuales Senna, con un tiempo de 1 min. 0.9 s, bajó en cuatro décimas de segundo el récord de la pista para coches equipados con motores aspirados, un poco más lentos que los motores turbo, dominantes en aquella temporada. Frank Williams guardó para el resto de su vida aquellas planillas de cronometraje. Dos días después del test, Senna volvió a Donnington Park para una prueba más con su Ralt de Fórmula 3. Antes de salir a pista, anticipó: 

Hoy voy a tardar una eternidad en hacer esa recta. Con el Williams era mucho más rápido.
Donnington Park, 1983: en la primera prueba con un coche de Fórmula 1, el Williams
de Keke Rosberg, Ayrton Senna se adaptó inmediatamente y bajó el récord de la pista.


En aquella foto, él analiza el desempeño del test con Frank Williams. Ayrton registró, en una carta que escribió a su amigo Tchê, otra impresión que tuvo en aquella prueba con el Williams: "La Fórmula 1, en términos de sensación, comparada con el kart, es más lenta.” Nostalgia de un competidor de karts. Aquel día caliente de verano, comenzaba una carrera que sólo terminaría diez años, cuatro meses y 11 días después. En el cockpit de otro Williams.

viernes, 27 de agosto de 2010

"Ayrton, o herói revelado" - Capítulo 1.4: "El español"

Ayrton y Tchê, grandes amigos e inseparables en los tiempos del karting paulista.

Maurizio Sandro Sala comenzó a competir en karts seis meses antes que Ayrton, en 1973, en la categoría Junior. Había hecho el prestigioso curso en la escuela de pilotaje de Carol Figueiredo y la preparación de su motor en el taller del español Lucio Pascoal, o “Tchê”. Maurizio fue la sensación en el kartódromo de Interlagos, hasta que un día Tchê advirtió: “Tiene un niño muy bueno que está entrenando en la pista de Anhembi”.

Era Ayrton, quien venía de una seguidilla de victorias en la categoría Principiantes y Novatos, y estaba llegando a la categoría Junior. Lo que vimos con los dos pilotos, a partir de la primera carrera donde ambos estuvieron en la misma pista, sólo fue un enredo hasta la final de la temporada: colisiones, giros y salidas de pista en todas las ocasiones, sin excepciones, en que Ayrton y Maurizio disputaran posiciones. La razón de tantos problemas, Maurizio recuerda 30 años después, fue una: "Él era realmente más rápido. No me dejó pasar." Más tarde ese año, Maurizio cambió de categoría pasando a Piloto de Competición (PC). Ayrton permaneció en la categoría Junior. Ambos nunca más volvieron a enfrentarse en competiciones oficiales y fueron amigos por el resto de sus vidas. Maurizio y otros conocidos de Ayrton que no pudieron con él en la pista recordaban que, desde el primer momento, Senna dispuso de un equipamiento de calidad y un “compromiso más profesional” que, desde el punto de vista de Maurizio, se debió a la actitud de su padre (Milton): “El estilo Miltão era así: si lo vas a hacer, hazlo bien”. Hacerlo bien incluía, de acuerdo con la indicación hecha por el piloto Aloísio Andrade a Milton da Silva, destinar el kart de Ayrton a las manos de Tchê.

- Si quieres tener un buen motor, habla con el español de Mooca.

Dicho y hecho. El miércoles 26 de Junio de 1974, Milton y Ayrton, por aquel entonces de 14 años, se dirigieron hasta la oficina de Tchê, en Mooca, para pedirle que el motor del kart estuviese listo ya para la carrera de ese año, en Interlagos (kartódromo). Tchê sabía lo que había que hacer con el motor y el coste ascendía a 361 mil cruzeiros (aproximadamente USD 205 o 140 euros). La reacción de Milton, según lo afirmado por Tchê, fue la primera señal de una relación que nunca dejaría de ser frágil y difícil entre ellos.

- Es demasiado económico para que sea bueno.
- Va a ser bueno. Y si el pequeño tiene un buen ritmo, vencerá.


El acuerdo se concretó. En pista, durante los entrenamientos, el “pequeño” tuvo la primera lección de aquel español que tenía, en común con su padre, una poca frecuencia en sonreír. Senna estaba atravesando a bordo de su kart por las curvas, creyendo brindar un espectáculo.

- Chico, ¿quién te enseñó a conducir así?
- Lo aprendí solo, en la pista de Anhembi.

- No es así. Trata de andar más ‘redondinho’ (no entender el significado de la palabra en contexto =___= lo siento).


El domingo, Tchê tuvo el orgullo de agitar la bandera a cuadros para la primera victoria oficial de Ayrton Senna da Silva. Esa foto de la bandera agitada se volvió una especie de marca prestigiosa en su oficina. Luego, en los primeros días de trabajo con el pequeño, Tchê vio algo que no había visto y que jamás volvería a ver en sus 30 años dedicados al karting. Ayrton salía a entrenar llevando, en su mano izquierda, un cronómetro. Un caso curioso de la doble función tanto de piloto como de jefe de equipo que cumplía. Senna no cronometraba la vuelta completa, él dividía el tramo del kartódromo de Interlagos en cuatro tramos y experimentaba haciendo diferentes frenadas, trayectorias, aceleraciones y reglajes que le dieran algunas décimas o centésimas de segundo. Para quien asistía a ver sus entrenamientos, se le veía lento ya que sólo corría al límite en uno de los cuatro tramos por cada vuelta que completaba.

Sólo en el momento en que se recolectaban todos los tiempos era cuando el kartódromo descubría que el kart número 42 era casi siempre el más veloz. Sin el cronómetro en la mano izquierda, bueno, él juntaba en una vuelta rápida todo lo que había aprendido por separado en cada uno de los cuatro tramos del circuito. Charles Marzanasco Filho, piloto en esa época y futuro asesor de prensa de Ayrton en la Formula 1, recordó el resultado plasmado: Foto – Junio 1974. La primera victoria de Ayrton Senna en la categoría Junior, Interlagos. Quien agita la bandera es Lúcio Pascoal, o “Tchê”, el preparador que acompañó a Ayrton hasta su llegada al automovilismo. “El tenía un modo muy especial de frenar. Inclinaba el kart de lado y parecía que el motor se iba a apagar. Se deslizaba por toda la curva hasta la salida, cuando el motor volvía a funcionar ahora con las ruedas en una posición perfecta de adherencia para retomar la acelerada. Ayrton era mucho, mucho más rápido que los otros”. Un piloto en particular, quiso entrar a la prueba en pista.
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