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domingo, 15 de agosto de 2010

"Ayrton, o herói revelado" - Capítulo 1.1: "Incas Venusianos"

En los primeros años de vida, Ayrton no dio la menor señal de que podría convertirse en un prodigio de precisión y concentración que asombraría al mundo del automovilismo. Doña Neyde y su hermana mayor, Viviane, fueron testigos a diario de su inquieto comportamiento y de su preocupante promedio de caídas, tropiezos y golpes en su cabeza, algunos de ellos suficientemente grandes como para dejar grandes marcas en su cuerpo y moretones en su cabeza.

Ser zurdo, en aquella época en Brasil, era motivo de preocupación incluso para los profesores. Doña Neyde llegó a agradecer la curiosa oferta de una maestra de Ayrton: ella se ofreció para obligar a Senna a dejar la mano izquierda por la derecha al momento de escribir. La preocupación de Doña Neyde con que en el futuro su hijo se llenaría de hiperactividad la llevó a buscar hasta un neurólogo.

El resultado del examen fue tranquilizador. Ayrton no tenía nada malo. En realidad, era descuidado, según su madre, por ser muy rápido en todo lo que hacía. Era voraz a la hora de experimentar, veloz a la hora de aprender. Lo único que faltaba era descubrir un poco más de precisión en la ocupación de los espacios físicos. Y fue sólo cuestión de tiempo para que el problema desapareciera, llevándose consigo el estilo y la fama de “inquieto”. El neurólogo no sólo hizo un diagnóstico. Sintió un fenómeno.

En 1964, Milton da Silva, cada vez más exitoso en los negocios, llevó a su familia a la región más alta y noble del barrio de Santana, un área donde, gracias a la pendiente geográfica, los residentes tienen una de las más bellas panorámicas de la ciudad. La nueva casa, localizada en la esquina de las calles Pero Leme y Condessa Siciliano, tenía dos pisos, jardín y garaje. Era la calle más bella y confortable.

Los padres de Senna eran admirados por ser personas humildes, a pesar de su riqueza creciente y notoria. Robinson Gaeta, un residente de la calle y amigo de Ayrton, cuando ambos tenían entre 4 y 7 años, era un admirador de la familia Senna. El padre de Robinson, Martino, no ocultó también la admiración que tenía por la belleza de la señora Neyde. Y dijo que la abuela de Ayrton era conocida en los alrededores por las mismas razones.

Dentro de casa, la preocupación de Senna era la destrucción del planeta por los "incas venusianos" y, posteriormente, por los seres tenebrosos, villanos submarinos que emergían del fondo del mar y causaban terremotos, siempre en Japón. Todos los cuales, tras 39 episodios, fueron derrotados por National Kid, héroe de la televisión para Senna y los chicos de su generación. Algunos años más tarde, Ayrton se convirtió en un fanático entusiasta de la serie de dibujos animados “Speed Racer”, un joven piloto de la competencia, siempre dispuesto a luchar por sus amigos, por la justicia y para ser el mejor piloto del mundo, a bordo de un Mach 5. Un coche construido por su padre.



En la calle, Senna era el pequeño que tenía siempre los juguetes más hermosos y caros, por lo menos así lo recuerda Virginia Bertinni, una vecina de Ayrton tres años mayor que él. Muy tímido, a Ayrton le gustaba prestar todo lo que llevaba a la calle: “Él era adorable. Tan agradable que algunos se aprovecharon y trataron de dejarlo ver como un tonto. Todo lo que le pedían que hiciera, él lo hacía. Le pedían prestado todo. Él siempre prestaba y se quedaba sentado en la acera, mirando.”

Cuando el pequeño entró al kart por primera vez, la ternura que inspiraba dio paso a la incredulidad. Sería así por 30 años. João Alberto, un vecino seis años mayor que Senna, amigo de su hermana Viviane, estaba entre las personas que presenciaron la primera vez que Ayrton se estaba ajustando en el banco anatómico del kart fabricado por su padre y corrió: “Fue escalofriante. Él tenía unos cuatro años y todo el mundo lo veía andar en el kart. Ya en la primera vuelta en la calle de tierra, nos quedamos impresionados con la noción que él ya tenía.”

Al poco tiempo, los sábados, domingos y festivos, Milton empezó a llevar a Ayrton, sus amigos y al kart a lugares más amplios y cerrados, para que se divirtieran con más seguridad. Podía ser en una subdivisión cercana a la carretera Fernão Dias, en las afueras de Sâo Paulo para el sur de Minas, o en las zonas de construcción de Marginal do Tietê.

El lugar favorito durante años, fue otra subdivisión, ubicado en la parte alta del barrio, en Palmas do Tremembé, futuro barrio de mansiones, aún baldío en aquella época. João Alberto fue uno de los primeros adversarios de Senna al volante: “No se podía. Yo tenía unos doce años y no corría como él, que tenía solamente seis.”

Al principio, Milton acompañó a los niños en el espectáculo de karts con precaución. Siempre había un adulto cerca, ya sea él o Pedro, el conductor de la familia. Después, poco a poco Ayrton fue ganando autonomía. A los siete años, ya iba por cuenta propia hasta el taller mecánico de Martino Gaeta, padre de su amigo Robinson, para proveerse de un lubricante que se utiliza en las ruedas del kart, y acababa quedándose: “Puso su lubricante en el kart y se quedaba por allá. Adoraba observar los coches y el trabajo en el taller.”

En 1968, durante un fin de semana en la ciudad de Itanhaém, litoral de Sâo Paulo, la familia de Ayrton se llevó un susto que después se convirtió en una anécdota que sacó carcajadas. Senna, de apenas ocho años, fue llevado a la casa de playa de la familia por el delegado de la ciudad, quien lo sorprendió conduciendo solo la camioneta veraniega de su padre Milton. Ayrton era tan pequeño, que el delegado pensó que el vehículo estaba sin conductor.

A los diez años, Ayrton tuvo una especie de aventura secreta. Unos vecinos de la familia ubicados al final de la calle Condessa Siciliano, Norberto Vieira Lima, en aquel entonces de 18 años, y su hermana menor, Vera, salían con él en un coche, un Puma, y sin que Milton ni Neyde se enterasen, entregaban el volante a él. Ayrton, según Vera, apenas lograba alcanzar los pedales. “Pusimos un cojín para que conduciera el coche. Y le encantó. No sucedió nada porque él siempre fue muy prudente. Ayrton fue muy audaz, sí, pero muy responsable, sabía lo que estaba haciendo.”

Biografía amateur de Ayrton Senna basado en "Ayrton, o herói revelado" (inglés)
Parte 1
- Hecho por Eneida Queiroz (Brasil)



Treinta años después de aquellas escapadas para saciar el hambre intenso y precoz de conducir, Senna fue divisado por Vera en una calle del barrio de Morumbi, después de vencer el GP de Japón de 1993. Vera estaba con su hijo Renato, de 12 años, y se aproximó al Mercedes donde estaba Senna. La sorpresa y satisfacción fueron tan grandes, que Ayrton insistió en que ella entrara a su automóvil junto con el pequeño, para retribuir las vueltas en el coche a escondidas en las calles de Santana. Vera entró y Senna puso a su hijo al volante del Mercedes. Dieron una vuelta para recordar aquellos tiempos del Puma.

"Ayrton, o herói revelado" - Capítulo 1: Palmas do Tremembé

Milton Guirado Theodoro da Silva siempre fue el primero en decir que jamás planeó o soñó que su hijo se convertiría en un piloto de carreras, aun cuando construyó para él, en seis meses, un kart equipado con frenos a disco y un motor extraído de una picadora de caña que le permitía alcanzar una velocidad de hasta 60 kilómetros por hora.

Al comienzo, era incluso un juego más para su hijo inquieto y agitado, facilitado por el hecho de que Milton era dueño de una fábrica metalúrgica. Un hombre de origen humilde, hijo de un conductor de Horto Florestal (Sâo Paulo), Milton empezó a construir su fortuna personal en el negocio de compra-venta de automóviles, negociando con las tiendas ubicadas en los alrededores del complejo penitenciario de Carandiru, en el barrio de Santana, zona norte de Sâo Paulo.

Hábil y riguroso en el trato con el dinero, Milton no dejó pasar mucho tiempo antes de acumular un capital que le ha permitido no sólo la financiación de los dueños comerciantes, como ampliar el negocio y construir una metalúrgica Universal, que lo transformó en un próspero proveedor de la naciente industria automovilística brasileña. Milton también entró en el rubro de la construcción civil y, años más tarde, se convirtió en el propietario de decenas de haciendas y de millares de cabezas de ganado en la región Centro-Oeste y en Bahía.

“Miltão”, como siempre ha sido tratado por amigos y familiares, incluyendo a su mujer, Doña Neyde, gustaba de los coches y de las carreras. Sin embargo, por mucho que él desease, se puede decir que nunca se le pasó por la cabeza que Ayrton se convertiría en un piloto de competición.

Dentro de Sudamérica, el automovilismo brasileño era una fuerza. Las pocas carreras, en aquel inicio de los años 60, eran muy peligrosas y a veces fatales, tanto para los pilotos como para los espectadores, especialmente cuando se corría en circuitos urbanos, como los de Piracicaba, Petrópolis y Río de Janeiro.

Un retrato de la época: en un fin de semana de octubre de 1964, en el circuito de Barra da Tijuca, se produjo un episodio que muchos en deporte consideran un acontecimiento único en el automovilismo mundial: un mismo coche, un Alfa Giulia, mató a dos personas, en la misma carrera, en dos momentos diferentes, con dos pilotos distintos al volante. En el primer accidente, el piloto Mario Oliveti arrolló a dos guardias de la policía militar, uno de los cuales murió días después. Posteriormente, Carlos Augusto Lamego se hizo cargo de la misma Alfa Giulia para terminar la carrera, aunque no estaba inscrito en la prueba. Patinó, perdió el control de su coche y se dirigió en dirección hacia los espectadores. Una joven murió instantáneamente.

El kart iba a ser, por lo tanto, un juguete. Una alternativa a las bicicletas y los carritos de rodamiento (similar al kart, sin motor, se usa frecuentemente en bajadas) de aquel niño que nació mediante parto normal a inicios de la madrugada del 21 de marzo de 1960, en la maternidad tradicional Pró Matre, en Bela Vista, zona central de Sâo Paulo.

La casa en donde Ayrton pasó los primeros cuatro años de su vida perteneció a João Senna, padre de Doña Neyde, y estaba ubicada en la esquina de la Av. Aviador Gil Gilherme con la Av. Santos Dumont, a menos de 100 metros del Campo de Marte, una gran superficie donde funcionaban el Parque de Material de Aeronáutica y un aeropuerto.

jueves, 12 de agosto de 2010

"Ayrton, o herói revelado" - Prólogo: Los enigmas de Imola

Era la 1:27 de la tarde (horario local italiano) del 1ro de Mayo de 1994, cuando Ayrton apareció desde el fondo del box de Williams, su mono amarrado a la cintura, puntualmente para entrar en el coche y salir a enfilarse para la formación de largada. Como lo hacía en todas las carreras, el camarógrafo Armand Deus, de Rede Globo Brazil, presionó el botón de su cámara Sony Betacam y empezó a capturar imágenes. Un procedimiento de rutina. No era una transmisión en vivo. Las imágenes capturadas serían utilizadas para realizar un reportaje sobre la carrera que el corresponsal Roberto Cabrini editaría al final del día, a tiempo para ser enviadas a Rio de Janeiro y exhibidas en el programa “Fantástico”.

No era un día de sonrisas para nadie en el circuito de Imola. Mucho menos para Ayrton, quien por años ha sorprendido a mecánicos, ingenieros, periodistas y novias con su capacidad de concentración en los instantes previos al inicio de la carrera, haciendo que todo a su alrededor se vuelva estrictamente invisible e inaudible. Sus ojos, en esos momentos, parecían estar en otra dimensión. Su seriedad formó una pared de la que pocos se atrevían a acercarse, sin importar si era un pariente familiar o una relación contractual.

Para algunos, en aquellos momentos Ayrton anticipaba curvas y movimientos de otros pilotos. Para otros, rezaba. Otros aún creían que esa era una travesía sensorial para un mundo lleno de furia que sólo cabía y existía en el cockpit. Una travesía sin vuelta hasta que su carrera terminara.

La cámara de Armand Deus sigue grabando cuando Ayrton se aproximó a la parte trasera de su Williams FW-16 y puso sus manos sobre el alerón. Tuvo una fugaz conversación con el ingeniero David Brown sobre la suspensión trasera del coche. Después, sus ojos comenzaron a alternar entre la nada y el Williams, que aún estaba sin ruedas y suspendido entre los caballetes, recibiendo los últimos ajustes de los mecánicos.

Era más que una habitual concentración. Había una preocupación contenida y también una tristeza solemne e impotente. Estaba ausente en su semblante, como a inicios de aquel año, esa intensidad y esa mirada depredadora de los tiempos de Lotus y McLaren. Ni siquiera el rápido comentario de Patrick Head, director técnico del equipo Rothmans Williams Renault, parece disminuir la distancia que Ayrton mantenía con todo lo que lo rodeaba.

Algún pensamiento finalmente lo rescató de aquella extraña divagación para el ritual del cockpit: pasamontañas, casco, mono cerrado hasta el cuello en una disciplinada espera, de pie, con las manos cruzadas sobre la cintura, aguardando la orden de entrar en el coche y ajustar el cinturón de seguridad.

Las imágenes grabadas por Armand Deus en el box de Williams y, minutos después, las que fueron capturadas en la formación de salida, cuando Ayrton cambió la rutina y se quitó el casco, se hicieron históricas. Provocaron el sufrido ejercicio al cual millones de personas, especialmente los brasileños, se someterían a hacer durante los días siguientes: ¿qué estaba por detrás de aquellas últimas miradas, gestos y silencios? Habían muchas posibles respuestas, solas o combinadas. Dentro y fuera de la pista.

Schumacher estaba allí, casi a su lado, más que nunca dispuesto a destronarlo. Roland Ratzemberger murió después de una colisión a cientos de metros más adelante, el día anterior, y esto lo hizo, por al menos durante algunas horas, desistir de correr. Rubens Barrichello, a quien Ayrton venía tratando como si fuese un hermano menor en las pistas, sobrevivió a un terrorífico accidente el viernes.

Aquel Williams que él llamaba el “asiento eléctrico”, un coche arisco y difícil de manejar, estaba desgastando los neumáticos con una preocupante rapidez. Y, en la noche anterior, Ayrton había oído una grabación. Una conversación entre Adriane Galisteu (novia por aquel entonces) y un ex-novio. El letrero anunciando “1 minuto” fue mostrado. Veinticinco motores de Formula 1 comenzaron a rugir.

Ayrton, a la hora de correr, acostumbraba a dejar de lado todas las preocupaciones. Por nada del mundo mezclaba las emociones en el cockpit. En unos segundos más, él se entregaría de nuevo a la aventura que había comenzado a los cuatro años de edad: el sonido de un motor de picadora de caña con tres caballos de fuerza.

A CONTINUACIÓN ► Capítulo 1: Palmas do Tremembé - Introducción

martes, 10 de agosto de 2010

[E S T R E N O]

Muy pronto estrenaré en mi blog un aporte que, bajo mi punto de vista, resulta muy interesante y muy importante... interesante porque en primer lugar, se trata de un libro... más exactamente de una biografía. En segundo lugar, por la persona (o personaje) que está retratada en ella. En tercer lugar, porque me ha resultado demasiado complicado encontrar una traducción del libro completo en internet y en español (el archivo original donde quiera que busquen y/o googleen, yahooeen, msneen, altavisteen, etc. está en portugués). Finalmente y en cuarto lugar, es importante porque es hecho por mí (me refiero a la traducción, claro está, los verdaderos créditos son al autor del libro a quien felicito enormemente por semejante trabajo).

El libro no es nada más ni nada menos que: "Ayrton, o herói revelado" ("Ayrton, el héroe revelado") de Ernesto Rodrigues. Una biografía inédita, muy por lejos de todo... pero TODO lo que he leído hasta este preciso momento de mi vida sobre el tricampeón mundial de Formula 1 brasileño: Ayrton Senna da Silva, ya sea en internet, en la TV o en libros... mi mentor, mi ejemplo a seguir. Realmente es una biografía que vale la pena con creces leer si es que son unos inflaqueables seguidores del astro paulista del mundo motor. Muchas historias fuera de cámara, amoríos, conflictos, facetas y novedades sobre la vida íntima y personalidad de Ayrton se muestran en esta espectacular compilación de Rodrigues.

Aclaro de antemano que iré subiendo de a poco capítulos de esta biografía, que a su vez se sub-dividen en subcapítulos, debido a que el libro es LARGUÍSIMO... de hecho aún estoy traduciendo páginas y pareciera que el avance no es notorio, pero haré todo lo que esté a mi alcance. También quiero acotar que se trata de una traducción amateur hecha por mí, por lo que perfectamente puede estar susceptible a errores o malinterpretaciones, que agradecería, en caso de que existieran, me las comuniquen detalladamente y debidamente. Se trata de un trabajo que he querido compartir con ustedes por diversión y les pediría un poco de comprensión, he hecho todo lo que está a mi alcance para que la traducción sea lo más correcta posible y de fácil lectura para los visitantes de habla hispana y fans de Ayrton de este blog.

Como dato, hablando un poco sobre la investigación del periodista brasileño, para elaborar la biografía Ernesto Rodrígues tardó dos años y entrevistó a 213 personas en Brasil, Argentina, Inglaterra, Italia, Francia, Portugal y Japón, como informó en su momento (remontándonos a 2004, año en que salió al mercado el libro) el semanario carioca Veja.

Prontamente subiré el prólogo de este libro, que actúa como una suerte de flashback volviendo a aquella fatídica tarde del 1ro de Mayo de 1994, titulado: "Los enigmas de Imola".

¡Atentos mis estimados! =)
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