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martes, 14 de junio de 2011

De dulce y agraz con un final de infarto

Lluvia... mucha lluvia fue lo que finalmente vi en Canadá, a ratos un verdadero diluvio, a ratos una carrera sobre mojado, finalmente eso que muchos (incluyéndome por cierto) estábamos esperando con ansias: una carrera con precipitaciones y mucha agua, acabó por darse... y vaya de qué forma.

Fue una carrera muy rara que comenzó muy distorsionada con la salida del SC desde el inicio de la vuelta uno, tal cual ocurrió en el GP de Japón de 2007 (si es que no hubo otra más reciente, pero fue la primera que se me vino a la cabeza). Luego cuando se marchó comenzó lo bueno, con Vettel en cabeza disparándose como una bala, un Alonso segundo que no iba demasiado fino, de hecho se estaba alejando del campeón 2010. Massa finalmente, que iba tercero, asechaba constantemente los espejos de su compañero, todo indicaba que quería dar el zarpazo pero no lo conseguía. Atrás los McLaren de Button y Hamilton, en ese orden, acercándose peligrosamente al paulista, los nervios se me pusieron de punta, hasta que llegó lo impensado... un pequeño suspiro...



Con la cagada en McLaren Felipinho ya tenía un break, porque justo después del incidente entre los ingleses salió el SC. Ahora estaba detrás de los Lotus Renault GP de Heidfeld y Petrov, sin embargo, cuando salió de pista ocurrió otro suspiro, esta vez mucho mayor... inclusive tanto, que se llegó a pensar que la carrera llegaba hasta ahí, esta vez gracias a la lluvia.



En la vuelta 25 paró todo, bandera roja, estaba cayendo un diluvio. Mención aparte para Ferrari: Alonso iba 2do delante de Felipinho, de pronto cuando todos comenzaron a hacer sus pitstops el español recibió neumáticos intermedios pero ¡sorpresa!, la lluvia se intensificó y tuvo que volver a cambiar a cauchos de lluvia extrema. Felipe siguió con las naranjas, no paró y salió ganando aunque no subió posiciones... siguió siempre 3ro, detrás de Kobayashi, otra sorpresa de la jornada.

Cuando se relanzó la carrera muy muy tarde, aprox. 2 horas después (cayó un chaparrón, la pista se anegó y hubo maniobras de extracción de aguas mientras seguía lloviendo, berf!), y entonces Felipe seguía a las espaldas de Koba, era imprescindible que Massa lo adelantara primero porque Seb nuevamente se estaba escapando, segundo porque era más rápido que Koba y tercero porque Schumacher, que iba cuarto, se estaba acercando peligrosamente... empecé a ponerme nervioso, por un momento ahora sí veía a Felipe luchando adelante... pero...



En una remontada y con la frialdad pura de un zorro viejo, Schumacher aprovechó el duelo entre el japonés y el brasileño para abrirse paso, fue aquí donde Massa también tomó ventaja y pasó a Koba... pese a la escalada seguía tercero, aún un buen resultado... hasta que cayó el balde de agua fría y se entumecieron las expectativas:



Massa había repostado y cambiado a neumáticos de lluvia extrema otra vez, cuando volvió a pista estaba 6to, pero al intentar pasar a Karthikeyan en calidad de rezagado se fue por la zona húmeda, patinó ante lo que el mismo Felipe calificó como "una sucia maniobra de él, acelerando cuando estaba por pasarlo" y su 150° Italia rozó el concreto. No retiró (vaya que me habría cabreado si sí) pero destrozó la trompa, tuvo que parar otra vez y perdió 6 posiciones más, cuando salió de boxes ya estaba 12vo.

Hasta ahí pensé que la carrera había acabado, las esperanzas... todo... la maldición del Circuit Gilles Villeneuve la agarró contra Felipinho, pero él entonces a punta de un espíritu de lucha y ayudado por otro SC cortesía del toque de Alonso con Button que dejó al asturiano a la deriva del trazado sin poder volver, comenzó una remontada increíble que selló justo a CENTÍMETROS de terminar la carrera con un zarpazo que es digno de destacar sobre, adivinen quién... Kobayashi... el japonés tuvo un despiste personal y cayó hasta la 6ta posición, que finalmente quedó en 7ma :)





Dulce y agraz... dulce por la garra y la lucha, estando 3ro y remontando desde abajo por colarse en la zona de puntos, por hacer soñar con su primer podio, por pensar inclusive que podría plantarle cara a Vettel, por estar inspirado en Canadá. Agraz porque por un solo error, el podio se escapó de las manos y podría haber sido un poquito más que un 6to puesto.

miércoles, 8 de junio de 2011

Karl Wendlinger, cuando el cerebro de piloto se borra de la cabeza


“Pensé en aquel accidente dos veces, la primera con Rosberg, y la segunda con Pérez”. Peter Sauber volvió al pasado cuando vio a su piloto estampado contra el muro en el pasado Gran Premio de Mónaco, donde revivió uno de sus peores momentos en la Fórmula 1: el día en el que Karl Wendlinger se estrelló de idéntica manera con otro de sus monoplazas, el 12 de mayo de 1994.

A diferencia de aquel accidente, de aquella época, el mexicano podrá correr este domingo en Canadá, mientras que el austríaco vio truncada una muy prometedora carrera deportiva. Wendlinger personificó así esa doble y a veces cruel cara de la competición automovilística: por cada triunfador, otros muchos talentos quedan desplazados de la noria para no subirse nunca más a ella. Algunos, como Wendlinger, después de casi dejarse la vida.

En coma durante diez días

Fue un mayo verdaderamente dramático. Senna y Ratzenberger habían fallecido en la carrera anterior, en Imola, y a menos de cuatro minutos de empezar la primera sesión en Mónaco, apareció estrellado el Sauber de Wendlinger. Pero entonces el muro estaba mucho más cerca. El piloto mexicano pudo prepararse para el impacto dentro de un habitáculo más protegido. Pero el austríaco golpeó directamente con su casco contra los bidones de protección. Wendlinger entró en coma durante diez días.

A finales de 1989, Mercedes había seleccionado a tres jóvenes para su programa en el Mundial de Resistencia, las mejores promesas de la época: Karl Wendlinger, Michael Schumac
her y Heinz Harald Frentzen. En 1993, cuando Peter Sauber entró en la Fórmula 1, fichó al piloto austríaco. Era tan rápido que Keke Rosberg llegó a decir de él que “estaba logrando fenomenales resultados en entrenamientos, pero parece que está también buscándose el “big accident”. Sus arrancadas son espectaculares. Hemos visto en él puro talento, parece que tiene un enorme potencial…” 1994 comenzó confirmando las palabras de Rosberg. Fue sexto en Brasil y cuarto en Imola. Pero, desgraciadamente, también llegó el gran accidente…



El último recuerdo de Wendlinger fue de la noche anterior, una final entre el Milán y el Salzbursgo. “Lo siguiente fue despertar, diez días después, en un hospital de Innsbruck”. Desde el momento del impacto había estado en coma. No recordaba nada. Su mujer, Sophia, y su madre, le intentaron explicar todo. Le daba igual. Porque su cerebro tampoco funcionaba como antes. Lo descubrió a bordo de un monoplaza de Fórmula 1.

El dilema tras un accidente

El austríaco vivió el dilema de todo piloto accidentado. O llevar a cabo una larga recuperación que deje calar en el subconsciente el impacto emocional, o acelerar el retorno para evitarlo y no perder los automatismos del pilotaje. Wendlinger escogió lo último. “En la Fórmula 1 no puedes esperar dos años para volver…” Si funcionaba, el contrato para 1995 estaba en la mesa.

En diciembre de 1994, en Barcelona, el austríaco volvió a pilotar. “No tenía fuerza muscular, en el cuello, la cabeza me dolía en los baches...” pero, sorprendentemente, logró el mismo tiempo que su colega Heinz Harald Frentzen. “Al llegar a casa le dije a mi mujer que lo bueno es que era mejor que antes”. Pero en febrero de 1995, cuando volvió a pilotar, descubrió lo mucho que se había equivocado.

Tres años para recuperar el cerebro

“Fue como si todo el “software” de la competición se hubiera borrado”, descubrió con amargura, “no tenía coordinación, concentración…” Todo lo instintivo para Wendlinger había desaparecido. “No era el mismo, hablaba igual, andaba igual, pero sus reacciones no era las mismas”, comentaba Max Welti, el team manager de la época. “Lo triste es que creo que ni siquiera el propio Karl puede decir cuáles son las diferencias en su pilotaje…” Tras solo cuatro carreras, en Sauber lo vieron claro y le apearon del coche. Tocaba Mónaco. “Sin duda, volví demasiado pronto”.

“Recuperar mi cerebro costó tres años, si no más… Después de las lesiones, de la recuperación, mi personalidad fue diferente”, reconocía recientemente. A pesar de que Audi le fichó para su equipo de turismos en 1996, no fue hasta 1997 cuando Wendlinger pudo ofrecer un rendimiento consistente al volante. “El software se recuperó”, reconoció. Y aunque se centró en los turismos -ganó el FIA GT de 1999- y sigue corriendo en el Campeonato GT1, el sueño de la Fórmula 1 se desvaneció aquella mañana del 12 de mayo en Mónaco.

¿Qué pensará en su fuero interno el piloto austríaco, viendo a su compañero de generación, con quien se medía al mismo nivel, lograr siete títulos mundiales? Como diría Stephen Hawking, “la vida no es como nos gustaría, justa o injusta, buena o mala. Es como es…” Seguro que esta es la lección que hubo de aprender Karl Wendlinger en la Fórmula 1.

sábado, 28 de mayo de 2011

Historial de incidentes de carrera - Tramo: Salida túnel/Nouvelle Chicane, Circuito de Mónaco

1. Sergio Pérez, Sauber-Ferrari C30, Clasificación, 2011



2. Nico Rosberg, Mercedes GP W02, Entrenamientos Libres, 2011



3. Kimi Raikkönen, Ferrari F2008, Carrera, 2008



4. Jenson Button, BAR-Honda 006, Entrenamientos Libres, 2003



5. Alexander Wurz, Benetton-Playlife B198, Carrera, 1998



6. Karl Wendlinger, Sauber-Mercedes C13, Entrenamientos Libres, 1994




7. Lorenzo Bandini, Ferrari F312/66, Carrera, 1967



8. Alberto Ascari, Lancia D50, Carrera, 1955


lunes, 16 de mayo de 2011

Salut Gilles (publicado en F1aldía)

Post publicado en F1aldía.com (original aquí), hecho por AmigoFlavio, corregida por mí... uno de los mejores escritos que he leído sobre un piloto que quedará para siempre en el corazón de los tifosis.
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"Me ganó, sí, y en Francia, pero no me preocupó en absoluto. Supe que había sido batido por el mejor piloto del mundo".

René Arnoux, sobre Gilles Villeneuve, tras su duelo en el GP de Francia en 1979.

¿Qué había llevado a James Hunt a disputar aquella carrera de Fórmula Atlantic aquel día de verano del 1976 en el circuito canadiense de Trois Rivieres? Hunt era por aquel entonces el principal candidato al título de Campeón del Mundo de F1, toda vez que el líder y ganador de las seis primeras carreras, Niki Lauda, había sufrido un terrible accidente en el GP de Alemania disputado en el viejo Nurburgring y se iba a quedar sin puntuar durante varias carreras; y la Fórmula Atlantic no pasaba de ser una competición muy menor, para pilotos semiprofesionales o privados que corrían con su propio monoplaza. Quizás fuera la invitación a participar de su amigo y también piloto Alan Jones, quizás su gusto por la velocidad sobre cuatro ruedas, o quizás simplemente el destino; lo importante es que por un motivo u otro James Hunt estaba allí aquel día.

Y si pasó a la historia aquella carrera de Fórmula Atlantic no fue por la victoria del que luego sería aquel mismo año Campeón del Mundo de F1. Porque el vencedor de aquella carrera fue un joven piloto local, por quien el propio Hunt se interesó al finalizar la prueba:


- ¿Este chico pilota así siempre? No he visto cosa igual en mi vida, no creo que haya nadie en el Mundial de F1 con ese dominio del coche en las curvas.

- Es muy conocido en Canadá, y sí, siempre pilota así.

- Es increíble, cómo derrapa en las curvas, cómo es capaz de deslizar las ruedas para colocar el coche y salir acelerando sin desviarse de la trazada ¿dónde aprendió a pilotar así? ¿Podría enseñarme?

- ¡Ja, ja, ja! Son muchos años practicando; ahora en verano pilota coches, pero en invierno participa en el Mundial de Motos de Nieve; ahí aprendió a tomar las curvas derrapando de esa manera. No hay otro como él.

- ¿Y cómo decís que se llama?

- Villeneuve, Gilles Villeneuve.

Aquella misma noche Hunt se puso en contacto con su Jefe de Equipo en Mclaren, Teddy Mayer.

- Teddy, no te lo vas a creer; me ha ganado un piloto local.

- Se conocería el circuito mejor que tú, no tiene importancia.

- Teddy, tenías que haberle visto; entraba en las curvas derrapando y se mantenía deslizando el tren trasero hasta la salida ¡y sin desviarse de la trazada! No creo que haya nadie en la F1 capaz de hacer algo así. Tienes que ficharle para McLaren.

- ¡No digas tonterías! Deja de distraerte con estos asuntos y céntrate en lo importante: puedes ser Campeón del Mundo de F1 este año, aunque se rumorea que Lauda volverá para las últimas carreras. Así que tienes que sacar el máximo de puntos mientras esté fuera.

- Fíchalo, Teddy, fíchalo. No harás mejor inversión en tu vida. Su nombre es Gilles Villeneuve.

- De momento vamos a intentar ganar este campeonato; para el año que viene hablaremos.

- Es mejor que yo, Eddie; es mejor que cualquiera.


VILLENEUVE LLEGA A LA FORMULA 1


Gilles Villeneuve recibió una invitación del equipo McLaren-Ford para pilotar un monoplaza de la marca en el GP de Gran Bretaña de 1977 disputado en el circuito de Silverstone, donde tuvo mucho que ver la recomendación del piloto James Hunt, que a la postre resultó ganador del Campeonato del Mundo de F1 del año anterior. Junto a él también tomó parte en el certamen como piloto invitado por el equipo inglés el español Emilio de Villota.

La jornada de entrenamientos del viernes fue caótica; los hombres de McLaren perdieron la cuenta de los trompos y salidas de pista del piloto canadiense, se miraban unos a otros en el garaje y meneaban la cabeza negativamente; el piloto español que le acompañaba sin embargo fue capaz de darse cuenta del detalle de que no caló el coche ni una sola vez en sus innumerables salidas de pista, ni tampoco tuvo que ser sacado por la grúa de ninguna escapatoria. Cuando llegó al garaje tras la sesión, Villeneuve se limitó a contestar a las quejas de los mecánicos que solo estaba buscando los límites del coche, que tenía la situación completamente bajo control. La primera sorpresa llegó el sábado en clasificación; los pilotos invitados corrían con un MP23, modelo ya un tanto anticuado respecto al oficial MP26 de los titulares Hunt y Mass. De Villota no consiguió el tiempo mínimo para poder disputar la carrera, mientras Gilles se alzaba con el 9º lugar en la parrilla de salida.

En carrera, Villeneuve sabía que debía jugarse el todo por el todo, pues podría ser su primera y última oportunidad. En el primer paso por meta era ya 7º, pero con el discurrir de las vueltas su motor se resintió y perdió potencia, logrando terminar la carrera en 11ª posición. Lo que no perdió ni un ápice de fuerza fue la determinación del piloto y sus ganas de agradar, peleando siempre la posición y llevando su coche hasta el máximo de sus posibilidades, lo que llamó la atención de la prensa especializada. A pesar de ello, McLaren no volvió a contar con Gilles para ninguna carrera de aquella temporada; no les habían gustado demasiado sus salidas de pista ni sus trompos, pero su pilotaje en Silverstone sí había llamado la atención de otro equipo; al final del verano Villeneuve recibió una llamada telefónica, en inglés pero con marcado acento extranjero:


- ¿Está usted disponible para el próximo GP de Canadá de F1?

- ¿De parte de qué equipo me llama?

- Ferrari

- Sí, estoy libre; para Ferrari estoy libre.



En una de las situaciones más absurdas que se han visto en la historia de la F1, Ferrari se había quedado sin primer piloto para las dos últimas carreras de aquella temporada. Niki Lauda ya era campeón matemáticamente y había anunciado su marcha al equipo Brabham al año siguiente; ni el fichaje ni el anuncio antes de que terminara la temporada sentó muy bien a Enzo Ferrari, que acusó a su piloto de haberse vendido por un plato de lentejas tras haber conseguido el titulo; Lauda no estaba por la labor de aguantar las reprimendas de Enzo y dijo adiós por anticipado, negándose a disputar las dos últimas carreras de la temporada. En ese momento Ferrari llamó a Villeneuve.

No puede decirse que el debut con Ferrari fuera algo extraordinario; en la carrera de Canadá tuvo que abandonar a falta de 4 vueltas para el final por un problema de transmisión, mientras que en la última carrera de la temporada disputada en Japón sufrió un aparatoso accidente al salir volando por encima del Tyrrel de seis ruedas de Ronnie Peterson. No sería la primera vez que saltaría por encima de otro monoplaza, costumbre que sus mecánicos convirtieron en chanza al ponerle el sobrenombre de "el aviador"; tampoco sería la última carrera que disputaría para Ferrari, al contrario, como si de una historia de amor se tratara, podríamos decir que piloto y equipo habían encontrado a su media naranja.


EL DÍA EN QUE FERRARI QUISO CONSTRUIR UN PILOTO


La temporada de 1978 no fue fácil para el equipo Ferrari. La casa de Maranello siempre había destacado por fabricar los mejores motores y las peores carrocerías; por diferentes razones, los italianos nunca estaban al nivel de sus rivales ingleses en cuanto a investigación y desarrollo aerodinámicos se trataba. Y si algún año aquella diferencia marcó de forma palmaria el devenir de la temporada fue en aquel año de 1978; Colin Chapman había diseñado un Lotus 79 con motor Ford y efecto suelo inalcanzable para el Ferrari, en realidad inalcanzable para casi todo el mundo. Ferrari intentó copiar la idea añadiendo faldillas laterales a su prototipo, pero sin resultados visibles; tampoco ayudaba demasiado la actitud de su primer piloto, el argentino Carlos Alberto Reutemann, quien a las primeras de cambio tras alzarse con la victoria en la segunda carrera de la temporada en Brasil, rebajo los ánimos del equipo manifestando ante la prensa:


- El coche de este año es bastante peor que el del año pasado. Si le quitamos las faldillas seguramente correremos más.


Esta actitud del argentino desquiciaba a Enzo Ferrari, que exigía lealtad feudal a sus pilotos; por ello encajaba mucho mejor con el carácter de Villeneuve, quien tras llegar al garaje tras los primeros entrenamientos de la temporada y ser preguntado por el propio Enzo, le dijo sinceramente:


- Sr. Ferrari, el coche es una birria. Pero no me entienda mal, pilotaré para usted, sacaré del coche todo lo que pueda dar y me divertiré en la pista hasta el último minuto de carrera. Siempre soñé con pilotar un Ferrari.


Desgraciadamente, la buena predisposición de Gilles no iba pareja con sus resultados en la pista; el primer GP de aquel año disputado en Argentina solo pudo ser 8º, justo por detrás de su compañero Reutemann; de los cuatro siguientes, no terminó ninguno. La prensa italiana se echaba encima de Ferrari porque había sustituido al campeón del año pasado, Niki Lauda, por un joven canadiense desconocido que de sus 7 primeras carreras (2 en 1977 y 5 en 1978) para la Scudería solo había conseguido terminar una. Pero Enzo confiaba en su piloto, había visto en él algo especial, y pedía paciencia a sus aficionados:


- Tranquilos, soy Enzo Ferrari; creo que he demostrado que sé construir coches de carreras. Ahora os voy a demostrar que también sé construir pilotos de carreras.


Efectivamente, Enzo se tomó la carrera de Villeneuve como algo personal; se dio cuenta que el canadiense llevaba dentro un piloto excepcional al que había que enseñar a controlar sus instintos, porque el talento le salía por los poros de la piel. Así que comenzó con su labor, moldeando el carácter de Gilles como si de una biela se tratara.


- "Para llegar primero, primero hay que llegar" ¿Sabe usted quién dijo eso?

- No, no lo sé.

- Lo dijo Juan Manuel Fangio, y es una gran verdad. Gilles, he conocido muchos pilotos como usted a lo largo de estos años, rapidísimos, llenos de talento, geniales al volante,... pero que no terminaban la mitad de las carreras. Solo uno de ellos llegó a ser campeón, Nino Farina; el resto, quedaron en el olvido.

- ¿Qué está intentando decirme?

- Que pilotar no es solo acelerar y frenar. Veo en usted el talento para pilotar de Farina, pero tiene que aprender cómo planteaba las carreras Fangio, cómo defendía la posición Ascari, el ritmo constante de Jackie Ickx,... confío en usted.

- Cuente conmigo señor Ferrari, para lo que sea.

- Empezamos en la próxima carrera; como no llegue a meta tendré que hacer caso a la prensa y me pensaré su despido. Y ahora acompáñeme, quiero enseñarle algo y presentarle algunas personas.


Salieron del despacho de Il Commendatore y se dirigieron a la fábrica; entraron en la nave y se acercaron a un grupo de operarios que trabajaban afanosamente.


- Bon giorno Francesco, bon giorno Luigi.

- Bon giorno, signore Ferrari.

- Mira lo que están haciendo, Gilles. ¿Sabes lo que es?

- No estoy seguro, señor Ferrari ¿Un tirante de la suspensión?

- ¡Muy bien, es un tirante de la suspensión trasera! ¿Cuánto tiempo tardais en fabricar uno de estos, muchachos?

- Usted lo sabe muy bien señor Ferrari; hacemos dos cada día, cada rueda lleva cuatro, luego tardamos 8 días en tener el juego completo para un coche.

- ¡Ocho días de trabajo, Gilles! ¿Se da cuenta? Y todo para que usted estrelle su monoplaza a 13 vueltas del final, como hizo la última carrera en Mónaco. Debería pedirles perdón.

- Lo siento, tendré más cuidado la próxima vez.


Y así fue llevando Ferrari a Villeneuve por la fábrica; tras Francesco y Luigi, le presentó a Andrea y a Valerio que montaban las cajas de cambio, a Silvio que probaba los lubricantes, a Marco, a Paolo, a Vitelio, los que fabricaban y montaban los cigüeñales y las bielas... a todos los trabajadores, que Ferrari conocía por sus nombres de pila. Y le explicó el trabajo que cada uno hacía, el esfuerzo que suponía y la ilusión con la que trabajaban.


- Piense en ellos la próxima vez que se suba al coche.


La próxima carrera era el GP de Bélgica a disputarse en el viejo circuito de Spa-Francorchamps. Allí Villeneuve puso especial cuidado en llegar a meta, y lo consiguió; logró la cuarta plaza, por detrás de Reutemann y los dos Lotus que se alzaron con la victoria ¡Era un buen principio! De las once carreras que restaban de la temporada Gilles Villeneuve terminó nueve y no sufrió ni un solo accidente más, sus dos retiradas fueron debidas a fallos mecánicos. La temporada terminaba con el GP de Canadá, donde Gilles se alzó con la victoria, su primera victoria en la F1; y curiosamente no quiso quedarse a empezar sus vacaciones en su país natal con su familia. Quiso regresar a Maranello para enseñar él mismo el trofeo de ganador a los empleados de la fábrica. Villeneuve dejaba de ser un piloto que corría para Ferrari para convertirse en un "piloto Ferrari".


LA LEALTAD DE GILLES


El trabajo de investigación desarrollado en el seno del equipo Ferrari durante la aciaga temporada de 1978 dio sus frutos en la temporada de 1979; la escuadra italiana había conseguido poner al día la aerodinámica de su monoplaza y de nuevo estaba en disposición de pelear de tú a tú con los equipos ingleses, principalmente Williams, y franceses, Ligier. Reutemann ya no estaba en el equipo, habiendo dejado su puesto al sudafricano Jody Scheckter, piloto veterano que había corrido con éxito para McLaren, Tyrrell y Wolff. Enzo Ferrari llamó a Villeneuve a su despacho mediada la temporada.


- Gilles, necesito su ayuda para ganar este campeonato.

- Cuente conmigo, señor Ferrari.

- Necesito que ayudes a Scheckter; no podemos perder puntos peleando entre nosotros, si los dos terminan la carrera de Monza él lo hará por delante de usted, si ello es posible.

- No hay problema, se hará como usted desee.


La fidelidad de Villeneuve a su equipo era absoluta; aceptó de buena gana que Scheckter tenía más probabilidades que él de ganar el campeonato a pesar de que se sabía más rápido que el sudafricano, al que ya había ganado en varias carreras ese año. Pero ahora se estaba hablando del campeonato, algo que podía estar al alcance del canadiense aunque Scheckter estaba por delante. No habló de posibilidades matemáticas, ni de sus propias opciones para ser campeón; si Ferrari quería que apoyara a Scheckter, él lo haría. Jody Scheckter ganó la carrera de Monza, quedando Villeneuve segundo tras varias entradas a boxes; al ser preguntado por la prensa, respondió con sorna:


- Me aburría yendo detrás de Jody sin poder adelantarle; así que me metía a boxes para permitir que otros rivales me pasaran y así luego poder rebasarles yo en la pista. Así me divierto yo y se divierte el público ¿no?


En la carrera siguiente, el GP de Canadá, Villeneuve fue segundo y Scheckter cuarto, sumando Jody los puntos suficientes para ser matemáticamente campeón aquel año. La última carrera del año, la de EE.UU., la ganó Villeneuve a 48 segundos de distancia del segundo, René Arnoux. Es cierto que Villeneuve no ganó aquél campeonato, pero en la retina de los seguidores de Ferrari quedaron sus tres victorias, en Sudáfrica y las dos carreras de EE.UU. de aquel año, el magistral duelo con Arnoux en el GP de Francia por la segunda posición, la pelea con sus rivales en Monza en contraste con el absoluto y reverencial respeto a la victoria de su compañero, y la demostración de su superioridad en la última carrera del año. Aquel año Villeneuve se ganó el afecto de los aficionados, incluso por encima del campeón; tras su duelo en el circuito de Dijon con Arnoux, los ferraristas volvieron a acuñar la frase "¡Gilles ci fa sognare!" que había estado vacante unos cuantos años, mientras que el propio Enzo Ferrari declaraba a la conclusión de la prueba "Parece que hemos construido un piloto de carreras, por fin".

El año siguiente fue un mal año para Ferrari; su monoplaza representaba la transición hacia los motores turboalimentados y aún no estaba a un nivel suficiente como para permitir a sus pilotos defender el título logrado por Scheckter el año anterior. Pero ahora Villeneuve era el ídolo de los aficionados y la prensa le preguntaba constantemente si iba a continuar en Ferrari o si buscaría otro equipo que le permitiera volver a pelear por las victorias. La respuesta de Gilles siempre era la misma:


- En mi vida tenía tres sueños: el primero, ser piloto de carreras, y lo he cumplido; el segundo, llegar a ser piloto de F1, y lo he cumplido también; el tercero, pilotar para Ferrari, y lo estoy cumpliendo; déjenme disfrutar de mis tres sueños mientras pueda.


LA TRAICIÓN, LA MUERTE Y EL DESENLACE


La temporada de 1980 supuso la marcha de Jody Scheckter, desilusionado tras no haber podido defender su título de campeón del año anterior, así que para 1981 llegaba a Ferrari un nuevo piloto para hacer pareja con Villeneuve, el francés Didier Pironi. Pironi llegaba a la Scudería con la ambición de ser el primer campeón francés de F1, para lo que empleó su primer año en aprender de Gilles, en aquel momento el epicentro y el corazón del equipo italiano. El Ferrari de aquel año no estaba preparado para ganar el campeonato, pero aún así Gilles brindó dos victorias épicas a sus seguidores, en el GP de Mónaco y en el GP de España, disputado en el circuito del Jarama. La carrera española fue una de las mejores de Villeneuve, pues a pesar de arrancar 7º en la parrilla de salida, saliéndose por fuera en la recta consigue ganar posiciones y unas vueltas más tarde se hace con el liderato; desde que consiguió hacerse con la cabeza de carrera defendió su posición con uñas y dientes impidiendo que coches más veloces le superaran y llegando a la meta como locomotora de un trenecito de cinco coches, estableciendo el récord de llegada igualada de F1 de todos los tiempos: entre el primero, Villeneuve, y el quinto, De Angelis, solo mediaron 1 segundo 24 centésimas.

En 1982 Ferrari ya sí tenía un coche en disposición de ganar el Campeonato, y tanto Villeneuve como Pironi se veían capaces de conseguirlo. Las dos primeras carreras las ganó Alain Prost, la tercera fue para Niki Lauda, pero la cuarta, el GP de San Marino disputado en el circuito de Imola, estaba siendo dominada por los dos Ferrari, que marchaban cómodamente primero Villeneuve y segundo Pironi. En las últimas vueltas el equipo les enseñó a ambos un cartel que decía "Slow", para indicarles que su inmediato perseguidor estaba lejos y podían reducir el ritmo hasta meta. Ambos pilotos obedecieron y enlentecieron su marcha, pero en la última curva de la última vuelta Pironi atacó a Villeneuve, quien sorprendido por la maniobra no pudo evitar que su compañero le adelantara y cruzara primero la meta; el tercer clasificado, Michelle Alboreto, llegó a 1 minuto y 7 segundos.

Cuando Gilles llegó a su garaje esperaba encontrar el apoyo por parte del equipo, pero solo encontró comprensión y justificaciones para el adelantamiento: que si parecía que su coche tenía una avería, que si iba demasiado lento,... Gilles pidió una reunión al más alto nivel en Maranello en presencia de Enzo Ferrari. Cuando Gilles llegó al despacho de Il Commendatore ya estaban allí Didier Pironi y el Jefe de Equipo de Ferrari; Gilles les ignoró a ambos y se dirigió directamente a Enzo:


- Exijo una explicación.

- Gilles, mi buen Gilles... son cosas de las carreras.

- ¿Cómo? ¡El letrero servía para los dos!

- ¡Ah sí, el letrero! ¿Tú lo viste claramente? Me dijeron que tenías una avería.



Villeneuve no daba crédito a lo que oía de aquella persona que él amaba y respetaba como un padre; fuera como fuese Pironi se había ganado a la cúpula del equipo Ferrari y éstos habían apostado por él en detrimento de Gilles, llegando a convencer a su patrón, al gran Enzo. El piloto canadiense salió del despacho convencido de que nadie en el equipo le ayudaría aquel año, convencido de que estaba solo, convencido de que su equipo le había traicionado.

El siguiente GP era el de Bélgica y se disputaba en el circuito de Zolder. En la sesión de clasificación Gilles no miraba el tiempo de nadie más que el de su compañero; estaba decidido a salir por delante de él costara lo que costara. Calzó neumáticos especiales de clasificación y salió a pista; tras la vuelta de calentamiento dio comienzo a su primera vuelta lanzada. Al paso por meta "¡Maldición!" Pironi estaba delante. Desoyendo el mensaje de su muro "Nº27 Pits", intentó una segunda vuelta lanzada; sabía que con aquellos neumáticos de clasificación no habría tiempo para una cuarta vuelta, por eso desobedeció la orden de su equipo.

A la entrada de una curva se encontró con Jochen Mass, quien circulaba más lento con su March. Gilles no quería frenar, era su última oportunidad de batir a Pironi, así que decidió abrirse para superar al alemán por fuera; desgraciadamente Mass al ver al canadiense en sus retrovisores reaccionó saliéndose de la trazada también hacia fuera, para dejarle el interior de la curva. El impacto fue brutal y el Ferrari de Villeneuve salió volando por encima del March; al parecer Gilles no llevaba puesto el cinturón de seguridad, o si lo llevaba no aguantó el impacto contra el muro, porque el cuerpo del piloto salió despedido del monoplaza. Así falleció Gilles Villeneuve, el "piloto Ferrari" por excelencia al que Ferrari traicionó.

La muerte de Gilles conmocionó al mundo del automovilismo en general, al de Ferrari en particular, y a Didier Pironi muy especialmente. El francés no se quitaba de la cabeza que él había sido la causa del accidente mortal de su compañero; peleó con su mujer y se separó de ella, en el GP de Canadá (precisamente en Canadá) se quedó ligeramente parado en la arrancada y el Osella de Riccardo Paletti colisionó contra él, con el resultado de la muerte del piloto italiano. No había sido una maniobra suya en puridad, pero el sentimiento de culpa se acrecentaba. En el GP de Alemania disputado en el circuito de Hockenheim ejecutó una clasificación rayana en la locura, llevando a su Ferrari a toda velocidad bajo la lluvia y sobre el asfalto mojado. En una maniobra muy parecida a la que causó la muerte a Villeneuve se encontró de repente con la trasera del Renault de Alain Prost, impactando brutalmente contra ella y saliendo volando por encima con su Ferrari. En ese accidente Pironi se rompió las dos piernas y así terminó el campeonato para él. No disputó las 5 últimas carreras y aún así terminó el 2º en la clasificación general, a solo 5 puntos del vencedor, Keke Rosberg, que se proclamó ganador con una sola victoria aquel año. Pironi no volvió a correr en F1.

domingo, 3 de abril de 2011

"Ayrton, o herói revelado" - Capítulo 2.1: "Los salvajes"

- Por el amor de Dios, ¡ni te me acerques que mañana tengo una carrera!

En la víspera de las pruebas de la Fórmula Ford, era siempre así. Ayrton llegaba a dormir en una cama separada para no acostarse con Lilian y dar a la libido la oportunidad de poner en riesgo su ritual de preparación. También formaba parte del ritual quitarse el anillo de casado del dedo y colgarla en el cordón de oro de su cuello, para no estorbar la sensibilidad de las manos en el volante.

Fue una temporada de 28 carreras, 22 de las cuales vencidas por él. En la primera, disputada en el circuito de Brands Hatch, el día 1 de marzo, diez días tras la luna de miel en Chicago, Senna, presentado en el programa oficial como "Ayerton" da Silva, un brasileño que hacía su estreno en Inglaterra “después de brillar en el Mundial de Kart”, acabó en quinto lugar. Los pilotos favoritos de la categoría eran el argentino Henrique Mansilla, el inglés Rick Morris, el mexicano Alfonso Toledano, y otros que, de modo fulminante, pasaron a segundo plano cuando Senna conquistó su primera victoria, en la misma pista de Brands Hatch.

Las peleas tampoco tardaron en aparecer. Ya en la cuarta etapa, disputada en el circuito de Mallory Park, Senna tuvo un incidente de pista con Mansilla: en la salida de una curva, disputando el liderato de la prueba codo a codo con el argentino, Ayrton fue empujado hacia la grava con lo que cayó a la segunda posición. En los boxes, los dos pilotos tuvieron que ser separados a la fuerza, Ayrton siendo alejado del rival a quien lo tenía tomado del cuello. En una carta escrita a su amigo Tchê, el día 7 de abril, Senna echaba la culpa por las grescas a un defecto de los coches Fórmula Ford. Eran lerdos además.

- “Es una categoría muy buena, pero los motores son un poco pequeños y, con eso, carecen un poco de aceleración, yo me acuerdo de haber tenido que chocar una rueda para conseguir un adelantamiento. Estoy ahora cogiendo el ritmo al coche y comenzando a dar unas atravesadas. Pero es muy peligroso rodar. Acaba chocando por eso. Estoy experimentando poco a poco, pero llego allá.”

Llegó tanto, y de forma tan determinada, que la sucesión de cerradas, rodadas, choques y virtuales luchas corporales entre los tres pilotos latinoamericanos del equipo Van Diemen -Senna, el argentino Mansilla y el mexicano Toledano- llevó la revista Autosport a publicar un editorial cuyo título, "Locura en la Fórmula Ford", alertaba los riesgos y exageraciones de aquel tipo de pilotaje, "agresivo como no se veía hace muy tiempo en la categoría". El semanario Motoring News concordaba: "Esos chicos tienen talento, pero podían ser más civilizados, compiten como salvajes.”

El inglés Rick Morris, un veterano de diez temporadas en la Fórmula Ford, entonces con 31 años, acabó venciendo una de las pruebas gracias a la pelea feroz entre los tres pilotos de la Van Diemen. E ironizó:

- Muchas gracias, fieras latinas. Debo a ustedes esa victoria.

lunes, 28 de marzo de 2011

[ F A N T A S M A S ]

El año pasado fue uno de esos años para el olvido, de esos años que ojala nunca vuelvan a la memoria… suena trágico, tal vez hayan peores. El tema es que hay dos ámbitos en que definitivamente dieron cuenta de ello para mí: la universidad y la Formula 1. Del primero he hablado mucho y creo estar plenamente consciente de las consecuencias que he tenido que acarrear producto de ese fracaso (sí, así, derechamente). Del segundo, aunque no me afecte directamente, es sabido que como fan (sí, y fan de verdad) soy susceptible a cambios de ánimo fácilmente cuando veo una carrera y más aún cuando llega la hora de la bandereada final, cuando se analizan los resultados y comienza el estudio, las tendencias, los puntos, la situación en el campeonato. En este último punto, bueno… el año pasado no fue bueno definitivamente, siento que han tocado algo que era muy preciado para mí, el equipo al cual sigo, el equipo que fue invadido, el equipo que ya no es lo mismo…

El seguimiento de Felipe Massa en la Scuderia es hoy por hoy lo único que me aferra a seguir viendo F1, antes de él también estuvo él… solo que acompañado por un compañero de equipo, eso en suma daba Ferrari, y a Ferrari lo vengo siguiendo desde 2005 con Michael Schumacher y Rubinho Barrichello. Historia larga que merece un tema aparte pero que tiene un referente sobre lo que estoy escribiendo aquí, porque desde ese año precisamente que fijé mis ojos en un solo piloto de toda la parrilla, y lo hice ya que lo único que deseaba con toda mi alma era que no pusiera un pie en la escuadra del ‘cavallino’. ¿Aura, capricho, presentimiento, corazonada? No lo sé, pero sea como sea en los años venideros creo que fui confirmando ese deseo con hechos reales y comprobables. ¿Podría haber cambiado de opinión? Tal vez sí, pero en cuanto se me pasó siquiera esa pregunta por la cabeza ya veía con mis propios ojos que es inútil, hay personas que tienen una especie de ADN único e ineditable, es imposible que cambie, yo veo F1 desde 2005 como les dije y desde ese año que sigue siendo el mismo dentro de la pista y fuera de ella, pero dentro del paddock (no quiero entrometerme en su vida privada, que no es de mi incumbencia ni me interesa tampoco).

2010 fue un pésimo año para Felipinho, asistí a casi todas sus carreras (involuntariamente sólo descontando Istambul Park, porque tenía junta nocturna con amigos y, voluntariamente, cuando supe que sería el escudero en Ferrari por el título, a partir de Monza). Vi cómo arrancó bien, pero ya en la tercera carrera empezó el decaimiento… lento pero constante. Trataba en lo posible de seguirme aferrando a la idea de que algo podía cambiar en él, algo que lo hiciera tan fortíssimo como en 2008 cuando peleó mano-a-mano con Hamilton por el campeonato hasta la última vuelta de Interlagos, donde lo perdió por sólo un punto. Ese ‘algo’ era mi esperanza, mis anhelos, algo que me diera esa satisfacción y esa euforia como fan que no sentía desde 2007, ese algo que nunca llegó… hubieron sendos destellos, como en Hockenheim, que se apagaron bruscamente para volver a la realidad. El golpe que me llegó, el de knock-out, fue en Monza… viendo cómo miles de tifosis allá celebraban una victoria que sabía a champaña, y que para mí no sabía a nada. Fue ese momento cuando dije: “Hasta 2011”. Ha sido difícil, pero siento que en el instante en que se cierra una temporada, hay algo que mágicamente me brinda esperanzas de que el año siguiente será mejor, que algo ocurrirá, que algo cambiará, no lo sé exactamente… es una especie de expectación anticipada y algo pitonisa. Es algo de lo que me aferro, algo que me hace alimentar los deseos de que llegue otra temporada de Formula 1, algo que seguramente muchas personas (fans como yo) también lo sienten de alguna u otra forma, involucrando al mismo protagonista o a otros.

Hoy nos encontramos con un libro lleno de páginas vacías listas para ser llenadas con historias, con resultados, con números, el libro llamado Formula 1 2011. Libro que empezó a llenarse la semana pasada con una carrera que esperé por mucho tiempo, con mucha ilusión, con mucha fe… pero… para mí, lamentablemente, una vez más no de buena forma. Felipe abrió fuegos en Australia con discretos puestos en las prácticas libres de Australia, pese a que decía que con los neumáticos duros de Pirelli ya no sentía los mismos problemas que con los Bridgestone compuesto duros, sobre todo a la hora de calentarlos en pista. En la clasificación casi se queda fuera de la Q3, bloqueó mucho, tuvo salidas de pista y se le veía nervioso en la conducción, inquieto, como si algo no saliera bien. Bueno… no todo es bueno en la vida, ¿por qué no desquitarse en la carrera del Domingo? Ganó Vettel y por paliza, Hamilton segundo, Petrov completando el podio como sorpresa… Alonso cuarto… Massa noveno (en rigor séptimo por la sanción a los Sauber, pero moralmente sí, era un 9no). Largó bien, escaló posiciones, se puso por delante de Alonso y empezó el vía crucis: lento aguantaba a Button, lo cerraba bien, peleó por defender la posición pero adelante Petrov se disparó, a Button no lo dejaba nunca lo suficientemente detrás y Alonso, detrás del inglés, ya estaba al asecho. Massa aprovechó de cambiar a duros, grueso error, perdió posiciones, cayó al 6to, luego otros puestos más y acabó casi fuera de los puntos.

Me sentí mal en la carrera, no desde el comienzo, pero me bastó ver a Alonso adelantar a Massa para que se me volviera a desconfigurar el rostro. Es frustrante esperar cuatro meses para ver que los fantasmas siguen rondando, esos fantasmas que pensé que se habían esfumado. Fue suficiente una temporada completa ¿para ver otra más en las mismas condiciones? Sinceramente espero que no, sinceramente espero que si Felipe está destinado a tener una malísima carrera, haya sido la de Melbourne. No quiero volver a pasar por lo mismo, no quiero más fantasmas, claro… no depende de mí, pero siento que igual me afecta en cierta forma, mal que mal los fanáticos somos así.

Ha sido la primera carrera, quedan 18 más por delante y 6 puntos como primera meta que son perfectamente superables, este fin de semana se viene Malasia, aún sigo esperando reivindicación. Lo único que quiero es no tener que escribir en una semana más la continuación de este escrito, sino que cambiarlo por algo más alentador, algo como: “resurrección”. De corazón deseo que todo esto cambie, así que tocará esperar y seguir alentando. Vamos Felipe, tú puedes.

sábado, 26 de marzo de 2011

"Ayrton, o herói revelado" - Capítulo 2: Un correcto Da Silva

En el Corcel verde de Ayrton estaba todo preparado para el viaje de luna de miel desde Santana hasta el hotel Maksoud Plaza, en la región privilegiada del barrio Dos Jardins. Cuando él y Lilian fueron a coger el coche en el garaje de la casa de los padres de ella, la suegra, doña Grizelda, fue atrás, descendiendo las escaleras con una bandeja de dulces:

- Beco, Beco, aquí los dulcecitos para que ustedes se sirvan.
- Doña Grizelda, la última cosa que quiero comer hoy es un dulce…


Era el final de una ceremonia de boda que transcurrió exactamente como Ayrton y Lilian habían planeado en la salida del motel Chalé, dos meses antes. Las fotos que Lilian guardó para el resto de la vida muestran al prometido de pantalones formales, cinturón negro y camisa de seda azul abierta en el pecho. Doña Neyde, seria, miraba al suelo. Milton, pareciendo disperso, usaba sólo una camisa de mangas cortas beige-claro, cuyo bolso dejaba translucir una cajetilla de cigarrillos Carlton. Viviane, con collar, usando un elegante vestido blanco hielo, con maquillaje azul, era abrazada por detrás por el marido, Flávio.

Diez mesas decoradas fueron colocadas alrededor de la piscina de la casa de Senna. La operación de invitar los amigos más íntimos fue tan rápida, que algunos, pillados de sorpresa, ni llevaron presentes. Pero todo fue de acuerdo con los planes, salvo por una broma de Júnior, que empujó a doña Neyde con ropa y todo en la piscina. Júnior fue severamente reprendido por el padre de Lilian.

Tchê vivió ese día un episodio que lo dejó muy triste. Él vio, en un rincón de la lavandería, cubierto por una lona, un torno mecánico que montó a Ayrton. Y arriesgó:

- Ayrton, ¿puedo pedir un presente? Quiero llevarme el torno…
- Por mí, todo bien. Pero tiene que hablar con Miltão...


Ese era el problema. La respuesta:

- De ninguna manera. Voy a llevarlo para la hacienda.

Disconforme, Tchê esperó que Milton se alejara y llevó a Ayrton a una esquina.

- Ayrton, ¡el torno es tuyo!

No sirvió de nada. Tchê pasó la mayor parte del tiempo de la fiesta aislado, conversando con un tío de Ayrton y con Júnior. Al volver a casa, le dijo a su mujer una frase que mostraba toda la tristeza de aquel día:

- Lo que yo no tengo, yo debo a Ayrton Senna...

La noche en la suite presidencial del hotel Maksoud Plaza fue precedida por un ritual que la mayoría de las chicas de familia de Santana adoraba. Lilian entró en el cuarto cargada en los brazos por Ayrton. Al día siguiente, la pareja fue a Chicago a pasar diez días en la casa de Fábio Machado, el primo de Senna que se haría, años después, su socio y director del Instituto Ayrton Senna. Tras diez días con Fábio y su mujer, Nice, la pareja siguió derecho hacia Inglaterra. Allá, la hija única y mimada, acostumbrada con el calor de Brasil y las mesas abarrotadas de las familias acaudaladas de Santana, sufrió dos shocks.

Primero, la casa pequeña, sin aspirador de polvo y con una sala en que había un sofá color mostaza donde exactamente 19 gatos de estimación del morador anterior acostumbraban a dormir. No había forma de cómo eliminar el olor. Todo estaba tan sucio, que la pareja tuvo que pernoctar en la casa de Ralph Firman, dueño de la Van Diemen. Nada de paseo, cine o restaurante.

El segundo shock: en la cena en la casa de Ralph Firman, un bistec, un huevo y una hoja de lechuga para cada uno de los comensales. El condominio era tranquilo, pero parecía ser habitado sólo por personas por encima de los 50 años de edad. Lilian tuvo la sensación de que iba a vivir en un cementerio.

domingo, 30 de enero de 2011

Ferrari F150 (1/2)

A las 6 de la mañana del recién pasado viernes estuve pegado al laptop para presenciar la presentación del Ferrari F150, el monoplaza con el que la Scuderia Ferrari de Formula 1 pretende hacerse tanto con el trofeo en constructores como con el de pilotos. Estuve planificando todo desde el día anterior, esto porque pretendía grabar la presentación para después subirla a YouTube, una vez hecho esto y tras algunas trabas que se presentaron en el camino (pero que no fueron impedimento para que llevara a cabo el cometido final) finalmente pude obtener el archivo de video dividido en 3 partes y el resultado final fue este:

Lanzamiento Ferrari F150 F1 2011 - Maranello, Italia
Ceremonia completa (audio inglés) - Parte 1/3




Lanzamiento Ferrari F150 F1 2011 - Maranello, Italia
Ceremonia completa
(audio inglés) - Parte 2/3




Lanzamiento Ferrari F150 F1 2011 - Maranello, Italia
Ceremonia completa
(audio inglés) - Parte 3/3


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